Nuestra historia comenzó una noche en la que fuimos buscando a Jesús y, sin saberlo, Él también estaba preparando nuestro encuentro. Aquella noche no salimos pensando que habíamos conocido al amor de nuestra vida; Jesús se guardó esa sorpresa para después.
Después llegaron las historias vistas más de una vez, las conversaciones que se hicieron cada vez más largas y esas ganas de seguir descubriendo quién era el otro.
Entre una cursi y un payaso, nos fuimos queriendo en los pequeños detalles: en el respeto, el cuidado, las risas, nuestras familias y en estar presentes cuando más lo necesitábamos. Y mientras aprendíamos a elegirnos, descubrimos que Jesús había sido intencional con nuestra historia desde el principio.









